Una risa seca en una cámara vacía. La grieta que aprende a reír.
Por Germán Ferri — Editorial Soulware.
La comedia murió hace siglos. Él es el forense encargado de la autopsia.
No entras a leer un relato. Entras para ser diseccionado por él.
El Arlequín ya te observa. Su función no es hacer reír, sino descolocar violentamente la expectativa de su audiencia. Deja que el relato hurge en tus miedos mientras escuchas el estruendo de tu propio silencio.
Se mueve con tirones espasmódicos, como un muñeco de cuerdas manejado por un titiritero ebrio. Sus chistes son axiomas aterradores sobre el vacío existencial.
Cuando el Arlequín entra en la sala, la cordura sale por la ventana. No te rías con él, porque su risa es contagiosa — y rara vez se detiene antes de que te falte el aire de forma permanente.
¿Vas a ser el testigo o la víctima?
Anatomía del Vacío — No entras a leer un relato. Entras para ser diseccionado por él.
Al cruzar este umbral, aceptas que las historias aquí contenidas no fueron hechas para consolarte. Eres un testigo en la oscuridad. No hay vuelta atrás. Ni garantías. Y la verdad es una carga que llevarás a solas.
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